En este siglo XXI la mayoría de los trabajadores cuenta con la civilización modernizada por invenciones, maquinarias, herramientas altamente tecnificadas, con apoyo de cibernética robotizada, digitalizada e informatizada; pero muchos obreros aún no tienen la suerte de gozar ese avance por el fracaso de la globalización. Hay obreros que para cosechar la caña de azúcar usan cerillas de fósforos, obreros de la construcción descargan bolsas de cemento y cal viva de 50 kilos con temperaturas altas, sumándose el calor del transporte; no hay piel que aguante, carecen de protección las manos, los ojos y vías respiratorias. Estos mismos casos padecen los que recogen residuos, los que trabajan en limpieza y así en innumerables y diversos trabajos de la vida cotidiana. Los trabajadores desarrollan habilidades, fuerzas, disciplina, prudencia, inteligencia, honestidad y paciencia, siendo esta la mejor virtud del ser humano para resistir cualquier embate de consecuencias negativas producidas por bajos salarios, falta de pago, inflación, aumento de impuestos y precios de consumo, despidos y cierres de fuentes laborales. En conclusión, el trabajo es el mejor remedio para todos los males. ¡Dios bendiga el trabajo! Para que ganemos el pan de cada día con el sudor de nuestra frente.
Pedro Castaño
Barrio Perón-Concepción